Estado de Conservación y Proyecto de Intervención

El primer paso para elaborar un criterio general que marcase las pautas de la restauración fue examinar las obra, analizar su estado de conservación, definiendo las patologías y sus causas con el fin de elaborar una metodología de trabajo que actuase sobre los daños, garantizado su subsanación y la conservación futura de la escultura.

En este sentido, resulta obvio que los principales problemas del Monumento al Cid están derivados de su propia constitución material y la evolución de ésta en el contexto climático y meteorológico en el que se halla, siendo especialmente relevante la contaminación del lugar.

Todos estos factores evidenciaban la necesidad de una restauración basada en una metodología pluridisciplinar que afrontase la gravedad del estado de la obra desde distintos puntos de actuación para resolver todos los daños en un doble nivel: estético y estructural, teniendo en cuenta la siguiente premisa: subsanar los daños desde su origen para evitar su aparición futura.

Desde este punto, el equipo técnico apuesta por una doble perspectiva: la conservación preventiva y la operativa o de actuación. La actuación preventiva se entiende como aquel conjunto de acciones destinadas a asegurar la salvaguarda de un objeto. La meta es evitar la aparición de los daños que presentaba, así como otros previsibles y erradicar su deterioro completamente; una finalidad que influye directamente en los tratamientos, materiales y productos utilizados.

El proceso de restauración del Monumento al Cid se desarrollo siguiendo los parámetros establecidos en los criterios generales de la intervención. Éstos atienden lógicamente la Ley 14/2007 Patrimonio Histórico de Andalucía, Título II, Artículo 20, por ello se procuró por todos los medios de la técnica y de la ciencia la conservación de las patinas que constituían un valor propio del bien, los productos a emplear han sido compatibles con la naturaleza material de la obra y en su elección se han seguido criterios de reversibilidad y de comportamientos y resultados debidamente contrastados.

En definitiva, el criterio general de esta restauración parte de un trabajo común y específico realizado por un grupo puliridisciplinar sobre las obras. Los distintos pasos del proceso, los objetivos y la filosofía de la intervención han estado condicionados por los materiales constitutivos de la obra, el grado de las alteraciones, así como los resultados de analíticas de material y de productos que se han efectuado sobre estas. La metodología ha partido de una base sólida, los resultados de los estudios a nivel histórico y analítico con el objeto de aplicar soluciones meramente conservativas.

Las labores de información y divulgación pública de los alcances de la restauración, así como de los contenidos culturales asociados a los bienes intervenidos, han adquirido gran relevancia dentro de los trabajos de conservación-restauración, siendo entendidos como una fase complementaria del proceso.

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El Monumento al Cid campeador está compuesto por una figura principal realizada en bronce, que se asienta sobre un elevado pedestal de granito con inscripciones y con placas adosadas de piedra caliza.

Su ubicación, en una isleta medianera entre dos vías de intenso tráfico de la ciudad resulta determinante en el estado de conservación que hoy presenta. La contaminación ambiental, por tanto, se establece como el principal agente de deterioro tanto en la piedra, como en el bronce.

El bronce presenta un alto nivel de deterioro debido especialmente a la presencia de microporos y a la exposición de la escultura a la intemperie en un entorno urbano donde la contaminación con presencia de azufre y amoniacos, así como otras partículas metálicas derivadas de la concreción de hidrocarburos, es muy acentuada.

Estas condiciones unidas a la humedad provocan la corrosión de la superficie metálica, la meteorización (lluvia) ha eliminado la pátina artificial, y en la primera pátina que se forma en la capa exterior del material original se advierte el ataque de la contaminación: corrosión de aleación con aspecto polvoriento de la superficie, diferentes tonos en verdes y azules. Existe presencia de cloruro básico de cobre inestable que es el origen de la corrosión que actúa además como esponja, al ser muy polvoriento, absorbiendo mas humedad.

El bronce posee la cualidad que crea su propia pátina estable (sulfato cuproso) de protección en condiciones normales medioambientales. Hasta la industrialización los bronces en exteriores no tenían problemas.

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Los depósitos de suciedad, constituyen el principal problema del basamento. Gran parte de la superficie está cubierta por una espesa costra negra de carbonatación y sulfatación generada por la contaminación ambiental y enfatizada por el lavado parcial de las lluvias.

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Se puede ver todo el proceso de intervención en nuestra sección Diario de Restauración.