El Monumento

El Monumento al Cid Campeador fue una donación realizada por la Hispanic Society a través de su fundador Archer Milton Huntington y su esposa Ana Hyatt, la autora, con motivo de la Exposición Iberoamericana. Esta circunstancia y el contexto en el que se produce convierten esta obra de arte en un caso especial en el ámbito sevillano, puesto que el Monumento no nace dentro de un planteamiento urbanístico definido ni tampoco responde a una estrategia político-social con el fin de perpetuar un ideal de pensamiento, como era lo común en la época.

El hecho de que estemos ante un obsequio hace que las motivaciones del proyecto, así como la temática representada, estén estrechamente vinculados a la biografía de sus mecenas. Por ello, es preciso resaltar algunos datos de la vida de Archer Milton y Anna Hyatt Huntington: vinculación con Sevilla, interés por la figura del Cid, predilección por el retrato ecuestre, etc.

Como sabemos, la Sevilla previa a la Exposición Iberoamericana estuvo inmersa en un proceso de renovación urbana marcado por un deseo de renovación y cambio bajo el convencimiento de que se estaba gestando un acontecimiento importante, que cambiaría la ciudad y la expondría internacionalmente.

La elección del actual Parque de María Luisa y sus inmediaciones en el sector sur de Sevilla como recinto de la Exposición motivó la remodelación urbana de las zonas colindantes, acomodándolas como áreas residenciales o puntos de acceso a la muestra. Así pues, el espacio hasta entonces conocido como “el quemadero de la Inquisición”, comprendido entre la Fabrica de Tabacos y el Prado de San Sebastián, se vio sometido a una profunda transformación con el fin de convertir esta zona extramuros en el principal acceso a la muestra mediante la glorieta de San Diego.

Fototeca Municipal de Sevilla. 1.929. Vista general de la Exposición Iberoamericana.

Para encontrar el germen que originaría el Monumento al Cid hay que remontarse a las últimas décadas del siglo XIX, cuando Archer Milton Huntington se enamora de la cultura hispana durante un viaje a México. Su afán investigador le llevó a viajar a España, llegando a Sevilla en 1898. Aquí comenzaría su labor arqueológica en las excavaciones de Itálica e iniciaría una colección artística que se exhibiría posteriormente en la Hispanic Society de Nueva York, fundada por él en 1904.

A partir de entonces viajó en innumerables ocasiones a España, recorriendo la geografía del Cid Campeador, figura histórica sobre la que profundizó durante toda su vida. Cabe recordar que Huntintgton fue pionero en traducir al inglés el “Cantar del Mío Cid”, del que realizó un profundo análisis cultural en el que invirtió unos diez años y que fue elogiado como “brillante” por todos los especialistas españoles (1).

Mr. Archer Huntington en la ruta del Cid a su paso por Burgos.

Durante este período son prolongadas sus estancias en Sevilla, interviniendo notablemente en las excavaciones arqueológicas de Itálica y Carmona y participando de forma activa en los círculos literarios de la ciudad con la edición de facsímiles de la Biblioteca Colombina. Así logró introducirse plenamente en los ámbitos intelectuales de Sevilla, entabló amistad con personajes como Jorge Bonsor, Francisco Rodríguez Marín o José Gestoso y fue elegido miembro de la Real Academia de Bellas Artes y Buenas Letras en 1902.

Contrajo segundo matrimonio con Anna Vaughn Hyatt, escultora especializada en el estudio de la plasmación artística de los animales y su anatomía. Será la propia Anna, quien reconozca la influencia de su esposo en la ejecución de la escultura ecuestre de El Cid, puesto que, aunque conocía desde joven el Cantar de Mío Cid, no fue hasta después de su matrimonio cuando profundizó en el héroe hispano.

La idea de que la Hispanic Society donase a Sevilla un Monumento en honor al Cid Campeador debió partir de la amistad del matrimonio Huntington con personajes claves en la organización de la futura Exposición Iberoamericana, como Traver o Benlliure. En esta línea será muy relevante el papel desempeñado por el Marqués de la Vega Inclán, verdadero promotor del Monumento.

Hacia 1927 realiza el prototipo de la obra, modelando y fundiendo la colosal escultura ya en ese mismo año.

Brookgreen Gardens, Carolina del Sur. Prototipo del Monumento al Cid Campeador realizado en 1927.

La ubicación de la escultura no siempre estuvo clara. Según algunas fuentes, en un primer momento estuvo en la Plaza Virgen de los Reyes del Parque de María Luisa, siguiendo un planteamiento simbólico del Comité de la Exposición (2). A principios de diciembre de 1927, el Ayuntamiento encomienda al escultor Mariano Benlliure la búsqueda de un emplazamiento idóneo. La decisión dispuso el monumento en una rotonda que se crearía en la Glorieta de San Diego, justamente en la Avenida del Cid, rotulada así desde 1920 (3).

Proceso de realización.

La escultura expuesta antes de ser colocada

La Avenida del Cid en 1929.

Justo un año después, en diciembre de 1928, la figura de bronce queda definitivamente colocada sobre un basamento, concluyéndose el pedestal y todos sus detalles casi un año después (4).

Fototeca Municipal de Sevilla. 1940. Coche de D. Roberto Osborne en la Glorieta de San Diego.

Muchos autores consultados proponen como autor del pedestal al arquitecto José Granados de la Vega, aunque la documentación de la época indica que sus autores fueron Vicente Traver y Mariano Benlliure (5), limitándose la labor de Granados de la Vega al planeamiento de la avenida y de la isleta donde se encuentra.

Gracias a las cartas conservadas en Museo del Romanticismo de Madrid (6) conocemos datos específicos de su construcción como los autores, los plazos de ejecución y la cuantía final, que ascendió a 25. 022 pesetas.

Parece ser que Mariano Benlliure esculpió la lápida de la Hispanic Society siguiendo un dibujo facilitado por Archer Huntington. Las inscripciones de las lápidas fueron ideadas por Ramón Menéndez Pidal, que serían colocadas según el criterio de Mariano Benlliure. En la documentación se indican que se realizará mediante caracteres fundidos en bronce, algo que no se llegó a culminar finalmente.

La primera de ellas alude directamente a la relación del Cid con la ciudad de Sevilla, dice así: “Sevilla, dorada corte del rey Motamid hospedó a Mío Cid, embajador de Alfonso VI, y le vio volver victorioso del rey de Granada”. La segunda es una cita de Ibn Bassam (7): “El Campeador, terrible calamidad para el Islam, fue, por la viril firmeza de su carácter y por su heroica energía, uno de los grandes milagros del Creador”.

Fototeca Municipal de Sevilla. 1970. Monumento al Cid.

La construcción del pedestal comenzó en marco de 1928 y finalizó en diciembre de 1929; su culminación fue posible gracias a Mr. Huntington, que financió todo el proceso mediante el Banco Lyonnais. El marqués de la Vega Inclán asumió la responsabilidad de promover la obra, encargándose de las certificaciones y remitir informes al conde de Aybar (Intendente de la Casa Real), designado por el propio Huntington para administrar y gestionar los trámites de pagos, etc. El contratista fue Santiago Gascó.

Desde un primer momento el Monumento al Cid llamó la atención de los sevillanos y de los visitantes de la Exposición Iberoamericana, despertando multitud de elogios. La prensa sevillana manifestaba “provoca muy buen efecto ver en la hermosa avenida esta obra de arte, que contribuye al embellecimiento de aquel paraje(8). Sin lugar a dudas, fue la figura del caballo el principal atractivo de la escultura, pues es aquí donde la escultora pone de manifiesto su virtuosismo en la captación del movimiento y la definición anatómica del animal.

El Monumento al Cid tuvo un reconocimiento inmediato y le otorgó a su autora una gran fama, lo que le llevó a realizar algunas copias. La primera de ellas se encuentra en la sede de la Hispanic Society de Nueva York. Le siguen la de Buenos Aires, San Diego, San Francisco y por último la de Valencia, aunque ésta fue una copia realizada directamente de la de Sevilla por Juan de Ávalos a instancias de la Hispanic Society.

Hispanic Society, Nueva York

Buenos Aires

San Diego

San Francisco

Valencia

El retrato del Cid Campeador.

El Monumento al Cid es el resultado de una profunda reflexión de Anna Hyatt Huntington sobre la magnitud del personaje y los valores heroicos que ha encarnado su figura a lo largo de la historia. Aunque la propia autora ya conocía el poema de Mío Cid, no fue hasta su matrimonio con Archer Huntington cuando profundizó más en el héroe. Fue entonces cuando se documentó y decidió realizar un prototipo que hoy se conserva, junto a gran parte de su producción escultórica, en el Brookgreen Gardens de Carolina del Sur, un espacio que fundara junto a su marido en 1931.

La escultura muestra al Cid Campeador armado con espada, lanza con gallardete y escudo a lomos de su caballo. Desconocemos si la artista se inspiró para su composición en algún episodio concreto de su vida o quizás quiso reflejar una imagen prototípica del héroe cabalgando al mítico Babieca, que representase los valores épicos propios del personaje. Otra posibilidad puede ser que la intención de Huntington fuese la de captar el momento en el que el Cid arenga a las huestes de Al-Mutamid en la defensa de la taifa sevillana (hecho descrito en el pedestal). Ello explicaría que el héroe no portase ninguna de sus dos famosas espadas: la colada y la tizona, que recibió posteriormente.

Fototeca Municipal de Sevilla. 1970. Monumento al Cid.

No es de extrañar que Anna Hyatt optase por la tipología del retrato ecuestre por varios motivos. En primer lugar, podríamos hablar de su interés por la captación y la plasmación de la anatomía de animales, concretamente del caballo, el gran protagonista de su obra. También influyó en este sentido el carácter del retratado, ya que se trata de personaje histórico relacionado con la Reconquista y vinculado al ámbito militar y guerrero. Otro factor a tener en cuenta es el neoclasicismo en el que se movía la artista.

Desde un primer momento, la composición de la escultura evidencia que su autora se basó del “Cantar de Mío Cid”. Las descripciones del texto medieval sobre la fuerza y el valor del Cid quedan reflejadas en la actitud enérgica de la figura, que levanta un brazo en claro signo de esfuerzo, portando una de las lanzas con banderas, que se mencionan en el poema.

Inciden en esta idea algunos rasgos como la postura erguida del jinete, su robustez anatómica, la preponderancia del tórax cubierto con armadura y el gesto enérgico que ofrece su rostro. Llama la atención el giro lateral de la figura humana que rompe por completo la visión frontal frecuente en este tipo de retratos ecuestres (Véase como ejemplo el Monumento a Fernando III situado en la Plaza Nueva). Con este recurso, Anna Hyatt no sólo logra aportar un mayor dinamismo a la escultura, sino que además la dota de múltiples puntos de vista que enriquecen su plasticidad.

La figura del animal es, sin duda, la gran protagonista de la obra que la ha convertido en uno de los principales retratos ecuestres de Sevilla, hasta tal punto que la escultura y la zona donde se encuentra son conocidas popularmente como “el caballo”. El interés de Anna Hyatt por este tipo de animales le confiere un gran importancia al caballo, cuya postura le aporta prestancia al retratado y refuerza sus valores heroicos.

En este sentido, resulta muy ilustrativa la anécdota narrada por la propia autora sobre los elogios que hizo el rey Alfonso XIII cuando contempló el Monumento en Sevilla: “Yo siempre quise saber qué clase de caballo cabalgaba el Cid. Ahora, al ver el que usted modeló, coincido con usted en que éste es el único caballo digno de haber sido montado por el héroe castellano(9).

Fototeca Municipal de Sevilla. 1940. Coche de D. Roberto Osborne. Puede observarse la comparación entre la postura del caballo del coche y la que Anna Hyatt capta para el Monumento.

El conjunto está envuelto por el neoclasicismo, aunque cabe resaltar la capacidad imaginativa de la artista en la introducción del movimiento y de elementos realistas y expresivos con los que consigue captar la intensidad del momento histórico representado.

Fototeca Municipal de Sevilla. 1955-60. Paso del Tranvía por la Avenida de María Luisa.


ANNA HYATT HUNTINGTON.

Nacida en Cambridge (Massachusetts) en 1876 dentro de una familia acomodada, hija del reputado paleontólogo, Alfeo Hyatt.

Anna comenzó su formación artística en la Art Student League de Nueva York, especializándose en los talleres y estudios de distintos artistas estadounidenses que gozaban de cierta fama. Muy importante para ella será su estancia en la Granja de Porto Bello, dónde comenzó a esculpir animales; se iniciaría así su interés por la captación del movimiento animal y su plasmación realista en la escultura, un objetivo que centraría toda su vida artística.

En 1923 contrae matrimonio con el magnate e hispanófilo Archer M. Huntington. La unión la introdujo en los ambientes elitistas y culturales del momento, colaborando con su esposo en todo lo relativo a sus colecciones y museos.

Archer M. Huntington.

Pocos años después se trasladan a Sevilla, donde residieron durante largos periodos. La realización del Monumento al Cid y su posterior donación le aportó una gran fama en todos los niveles. La escultura fue muy admirada en su momento, despertando elogios de todo tipo y desde todos los ámbitos, hasta tal punto que el rey Alfonso XIII la distinguió con la Gran Cruz de Alfonso XII, un reconocimiento que hasta la fecha no había tenido ningún escultor.

Junto al Monumento al Cid, el matrimonio Huntington donó tras la Exposición Iberoamericana dos cuadros de Valdés Leal (originalmente fue uno, posteriormente seccionado en dos partes) al Ayuntamiento de Sevilla. Se trata de “La procesión de Santa Clara con la Sagrada Forma”, una obra que había sido adquirida por el coleccionista Jorge Bonsor y que tras la muestra los Huntington no dudaron en comprar para regalarla a la ciudad. Este acto supuso Anna Hyatt y su esposo fuesen declarados Hijos Adoptivos de la ciudad de Sevilla.

1.652. Juan de Valdés Leal. Procesión de Santa Clara con la Sagrada Forma.

Tal fue el éxito de esta escultura, que durante los años sucesivos donó copias que se encuentran repartidas por América. La primera copia fue realizada para centrar la plaza que se abre a la sede de la Hispanic Society. Le seguirían los de Buenos Aires, San Diego y San Francisco.

Años más tarde realizó la escultura de Juana de Arco, que junto al citado Monumento al Cid, despertó el entusiasmo de la crítica artística internacional, manifestando que ambas obras eran las de mayor envergadura que jamás había hecho una mujer en la historia del arte. De hecho, hasta finales del siglo XX, el Monumento al Cid estuvo considerado como la escultura más grande realizada por una mujer en Europa.

Modelo de la escultura de Juana de Arco.

En 1953, con 77 años de edad, comienza la que sería su obra más conocida. El grupo escultórico “Los portadores de la antorcha”, que en 1955 sería regalada a Madrid y colocada en la plaza Ramón y Cajal.

Ciudad Universitaria de Madrid. “Los Portadores de Antorcha” (1954).

A finales de ese mismo año se produjo el fallecimiento de su marido en Nueva York, una pérdida que fue muy sentida en España por su vinculación al mundo de la cultura, de hecho Francisco Franco y su Ministro de Exteriores, Martín Artajo, enviaron sendos telegramas manifestando su pesar por tan importante pérdida (10). El 5 de octubre de 1973 moría en Washington. Su legado escultórico se reparte por cientos de museos de todo el mundo, sus grandes obras decoran espacios en las principales ciudades (Nueva York, Madrid, Buenos Aires, etc). Cabe destacar el Greenbrook Garden de Carolina del Sur, un espacio creado por ella, donde gran parte de su obra se exhibe al aire libre creando un espacio único donde las esculturas conviven con la vegetación en una armonía muy interesante. Días más tarde, Sevilla realizó un acto de homenaje en el Monumento al Cid organizado por el Círculo Cultural Rociero de Triana (11).

Fotografías históricas.

En 1929.

En 1929 durante la Exposición Iberoamericana. Puede apreciarse como aún no se ha culminado el pedestal con el relieve y las inscripciones realizadas por Mariano Benlliure.

Diciembre de 1935. Acto de promesa a la bandera de los nuevos reclutas. Tribuna con las autoridades que presencian el desfile militar.

1950. Presentación de un modelo de automóvil.

1950. Desfile de la Guardia Civil en la Avenida del Cid.

1960. Monumento al Cid.

1960. Presentación del nuevo modelo de taxis.

1965. Colocación del alumbrado de la Feria de Abril.

1964. Instalación de andamios para realizar la copia del Monumento.

1964. Juan de Avalos colocando moldes para hacer la réplica de este Monumento que la Hispanic Society de Nueva York encargó para la ciudad de Valencia

Citas:

(1). “Archer Milton Huntington, fundador de la Hispanic Society of América”. En “Boletín de la Dirección General de Archivos y Bibliotecas”. Año 1956. Nº 40. Págs 32-35.

(2). LAFFITA, Teresa: “Sevilla turística y cultural. Fuentes y Monumentos Públicos”. Pág. 67.

(3). Diario ABC, Madrid. 11/12/1927. Pág. 39.

(4). Hemeroteca Municipal de Sevilla. Diario “El Liberal”. Sevilla. 11/11/1928.

(5). Diario ABC, Madrid. 11/12/1927. Pág. 39.

(6). Archivo General de Patrimonio. Caja 2.401/18. El grueso de la documentación generada por la construcción del Monumento al Cid de Sevilla se encuentra en esta caja. Toda la información fue analizada y publicada por MELENDRAS JIMENO, José Luis: “Monumento al Cid Campeador, obra de la escultora estadounidense Anna V. Hyatt Huntington

(7). Ibn Bassam de Santarem fue un historiador musulmán del siglo XII. En su obra “Dajira” narra hechos históricos de gran relevancia en la taifa de Sevilla, aludiendo al Cid Campeador”.

(8). Hemeroteca Municipal de Sevilla. Diario “El Liberal”. Sevilla. 11/11/1928.

(9). H.M.S. GARCÍA MAZAS, José: “Anna Huntington, escultora e hispanista norteamericana”. Diario ABC. Madrid. 29/12/1953. Págs 19-23.

(10). H.M.S. Diario ABC. Sevilla. 13/12/1955.

(11). H.M.S. Diario ABC. Sevilla. 18/10/1973.

Bibliografía:

Inventario-Diagnóstico de los Monumentos Públicos de Sevilla”. Gerencia de Urbanismo, Ayuntamiento de Sevilla. 2010.

AAVV: “Diccionario histórico de las calles de Sevilla”. Sevilla, 1991

DE MENA, José María: “Sevilla, estatuas y jardines”. Sevilla, 1993.

ESPIAU, Mercedes: “El Monumento Público en Sevilla”. Sevilla, 1993.

LAFFITA, Teresa: “Sevilla turística y cultural. Fuentes y Monumentos Públicos” . Sevilla, 1998.

MARTÍNEZ MARTÍN, Manuel: “Sevilla y el Cid, en el novecientos aniversario de la muerte del hérore (1099-1999)”. En “Aparejadores, boletín del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Sevilla”. Nº 57, 2000. Págs. 64-73

– MELENDRERAS JIMENO, José Luis: “Monumento al Cid Campeador, obra de la escultora estadounidense Anna V. Hyatt Huntington”.

TRILLO LEYVA, Manuel: “La Exposición Iberoamericana. La transformación urbana de Sevilla”. Sevilla, 1980.

* Agradecimientos a la Fototeca Municipal de Sevilla por la cesión de fotografías históricas.