La limpieza de la piedra.

La limpieza de la piedra tiene como objetivo eliminar de su superficie la suciedad y los productos nocivos, es decir, aquéllos que aceleran su deterioro. La limpieza debe también mejorar la percepción estética del monumento, procurando acercarla a la que tenía originalmente.La costra que cubre la piedra consiste, principalmente, en sales solubles, incrustaciones insolubles, partículas de combustibles inquemados, vegetación, microorganismos y excrementos de pájaros. Por lo general estos productos no aparecen bien diferenciados y suelen encontrarse formando una capa más o menos regular y persistente sobre la piedra.

La limpieza es una de las etapas más importantes de la intervención ya que condiciona también las etapas de intervención posteriores, por lo que hay que seleccionar los métodos y productos de tal manera que resulten compatibles con las etapas de intervención subsiguientes.Los principales requisitos que deben reunir los métodos de limpieza son:· La acción limpiadora debe ser suficientemente lenta como para permitir que el operario pueda controlar sus efectos.· El método empleado no debe generar productos perjudiciales para la conservación de la piedra.

· Dicho método tampoco debe producir fuertes abrasiones, microfracturas o modificaciones del relieve superficial de la piedra que faciliten su posterior deterioro.

La elección del método de limpieza depende fundamentalmente del tipo de suciedad a eliminar, extensión de la misma, grosor y uniformidad de la capa que debe eliminarse, así como de las características petrofísicas de la piedra y su estado de conservación. Es frecuente la utilización de varios métodos, que suelen aplicarse de forma sucesiva o en distintas partes de un mismo monumento, dependiendo de las características de la suciedad que se pretende eliminar.

Después de aplicar biocida se realizó una limpieza mecánica de la superficie. Este método emplea energía mecánica para separar la suciedad del material a limpiar. Es importante que la separación tenga lugar justo en la interfase suciedad-piedra y que la acción mecánica no dañe a la piedra.

La limpieza se llevó a cabo manualmente y posteriormente con microarenado. La eficacia de este tipo de limpieza depende fundamentalmente de la habilidad y sensibilidad del restaurador.

La técnica empleada para la limpieza de la peana es el microarenado, que usa un chorro de aire a presión que lleva en suspensión un abrasivo, que arranca la suciedad al chocar con la superficie.

El abrasivo tiene un tamaño homogéneo y fino, óxido de aluminio blanco (Al2O3), que és un derivado de la alumina de la mejor calidad, triturada y separada según las normas F.E.P.A. Gracias a la elevada dureza y sus varias granulometrias seleccionadas, permite conseguir microarenados controlados sobre obras de arte de varios géneros.

La presión del chorro se regula con facilidad y también se puede controlar la cantidad de abrasivo. Esto significa que la limpieza con este instrumento es graduable y, por tanto, aplicable en principio a cualquier tipo de piedra.

Restos de suciedad una vez retirado el andamio

Este método es efectivo para incrustaciones gruesas y duras, costras delgadas e incluso para los depósitos y costras negras que cubren la piedra, respetando las pátinas cromáticas originales bajo la suciedad.

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