EL POEMA DE MIO CID: EL HOMBRE Y LA MILICIA EN EL MEDIOEVO ESPAÑOL

 

EL POEMA DE MIO CID: EL HOMBRE Y LA MILICIA EN EL MEDIOEVO ESPAÑOL por Martha García (University of Central Florida, Estados Unidos)

El Poema de Mio Cid : El hombre y la milicia en el medioevo español

por Martha García

University of Central Florida, Estados Unidos

 

La época medieval se considera esencialmente militar debido al estrecho vínculo entre el ejército y la sociedad estamental. Sin embargo, elPoema de Mio Cid ofrece al lector la oportunidad de conocer a Rodrigo Díaz de Vivar no sólo como guerrero y patriarca, sino también como hombre. Debido a que el PMC conlleva un carácter épico y social, la mayoría de sus personajes resultan ser masculinos puesto que era este género el que estaba vinculado íntimamente con las estrategias y séquitos militares. Por lo tanto, la función de los personajes masculinos se convierte en el centro de atención particular–y en general–de la literatura de esa época, relegando a los personajes femeninos a un segundo plano. Esto lo corrobora Cristina Segura Graiño en Historia de las mujeres en España al referirse al rol del varón en el medioevo:

En todos estos tipos de fuentes la mentalidad patriarcal es la que domina. Por lo que la información que aportan es indirecta a la historia de las mujeres. Son fuentes que reproducen el poder dominante y aportan lo que la sociedad quería y pretendía que las mujeres fueran. (120)

Aunque la finalidad primaria del PMC era establecer al protagonista como héroe, lo que hace a este hombre un personaje integral es precisamente su vida privada y su destacada función dentro del seno familiar. Tomando en consideración que una de las características principales del juglarismo es la transmisión oral, se establece entonces que el PMC procuraba divulgar las hazañas del héroe por toda una región. No obstante, este cantar no sólo menciona las batallas y luchas del Campeador , sino que también refleja muchos detalles de su vida privada ilustrando la necesidad de exaltar ante el pueblo tanto al héroe como al hombre en su función civil. Repasemos lo dicho por Ramón Menéndez Pidal:

En el Cid se reflejan las más nobles cualidades del pueblo que le hizo su héroe: el amor a la familia, que anima la ejecución hasta de las más altas y absorbentes empresas; la fidelidad inquebrantable; la generosidad magnánima y altanera aun para con el Rey; la intensidad del sentimiento y la leal sobriedad de la expresión.
(70-71)

¿Por qué el incluir entonces versos sobre asuntos puramente domésticos en este poema épico? ¿Cierne o intervención gratuita por parte del juglar? Me inclino a pensar–y procuraré mostrarlo a continuación–que más bien se les incorpora en este cantar del mester de juglaría como un complemento de los rasgos calificativos del héroe con lo que se intentaba mostrar al pueblo un personaje complejo y congruente; un héroe de carne y hueso: guerrero, esposo y padre, capaz de cumplir cada función a cabalidad, convirtiéndose así en merecedor de honra y honor en toda la extensión de estos términos.

1. El Cid y la caballería medieval

Los personajes masculinos en el Poema de Mio Cid son producto de la sociedad medieval la cual estereotipaba al hombre como militar y guerrero. Es importante aclarar que, además de los valores militares, coexistía también el espíritu cristiano de la época al igual que los valores burgueses. Maurice Keen en su libro La caballería estudia los tratados escritos en lengua popular para la educación del caballero a partir del siglo XIII. Entre las principales características necesarias para ser armado caballero –y mantener dicho estatus–se encuentran los cinco mandamientos que todo aspirante debía practicar:

[…] no emitir juicio falso, no ser cómplice de traición, honrar y defender a todas las damas y doncellas, ser generoso para obtener leal servicio y oír misa y ayunar. (12-18)

Es decir, un caballero que cumpliera estos preceptos era considerado ejemplo de cristiandad, milicia y burguesía. Rodrigo Díaz de Vivar–era poseedor de estos atributos tal como se refleja en el PMC –defiende a las mujeres cuando la ocasión lo amerita así es el caso de sus hijas en las Cortes de Toledo al exigir justicia al rey por el agravio cometido a doña Sol y doña Elvira, María y Cristina (1)respectivamente (250). De esta manera se refleja también la lealtad a su rey que representa una entidad superior, la monarquía como poder social absoluto.(2)

Otro de los atributos presentes es su generosidad tanto con la corona, como con sus vasallos y familia inmediata: esposa e hijas. Al rey le envía la mejor parte de sus ganancias en cada batalla y distribuye sus bienes con sus subalternos de forma equitativa, estableciendo así una relación de negociación donde se recupera–a medida que el PMC se va desarrollando–la justicia social y poética: (3)

Dio a partir estos dineros

y estos averes largos,

en la su quinta

al Cid caen. c. cavallos;

¡Dios, que bien pago

a todos sus vassallos

a los peones e a los encavalgados! (167)

Es importante señalar que esa generosidad no sólo se limita a favorecer a la monarquía y soldados, sino que es una cualidad intrínseca del héroe que comienza con su núcleo familiar y que se observa con sus donaciones a Santa María de Burgos, al monasterio de Cardeña, a quienes otorga cuatro veces más de lo que debía por el cuidado de su esposa, Jimena, e hijas, doña Sol y doña Elvira (147). Este hecho en particular coloca al Campeador al nivel de supremacía, como héroe militar y como hombre: cumple primero sus responsabilidades familiares para después dedicarse a sus labores militares en el campo de batalla.

Desde una perspectiva militar, el Campeador sobresale por sus habilidades y estrategias guerreras como se observa–entre muchas otras ocasiones–cuando Rodrigo socorre a Pedro Bermúdez (164). En cuanto a la práctica del cristianismo se refiere, el PMC lo ilustra durante todo el poema a través de rituales, misas y acción de gracias por los beneficios recibidos. Leamos algunas secciones del cantar que así lo ilustran:

Partióse de la puerta,

por Burgos aguijaba,

llegó a Santa María,

luego descabalga;

hincó de rodillas,

de corazón rogaba. (140-41)

rogando a San Pedro,

y al Criador:

<<Tú, que a todos guías,

guarda a mio Cid el Campeador>>. (240)

Hecha la oración,

la misa acabada ya

salieron de la iglesia,

ya quieren cabalgar (151)

<<Alzan las manos

-para Dios rogar>>.

Todo es alegría,

El invierno ha terminado; (198)

Mandó encender candelas,

y ponerlas en el altar:

en este lugar santo

el Cid quiere velar,

al Criador rogando

y hablando en soledad. (247-48)

 

2. Tesis y antítesis en el Poema de Mio Cid

En contraste a la tesis de la caballería, los Infantes de Carrión–personajes del gremio varonil en el poema–representan la antítesis de este patrón caballeresco. Se convierten en la contraparte del comportamiento heroico: se caracterizan por su cobardía, traicionan y asesinan a Aben Galbón, ultrajan a sus propias esposas, doña Sol (María) y doña Elvira (Cristina), y sus maniobras se encuentran siempre al servicio de algún ardid. Evoquemos algunos episodios pertinentes.

En primer lugar, se contrarresta la valentía del Cid con la cobardía de los Infantes en el Cantar Tercero , de los versos 2278 al 2310 donde se narra el episodio del león, en el cual el Campeador domina a la bestia con la mirada y sale a relucir el miedo de los infantes ante la fiera (222-26). Naturalmente con esto se le otorga al Cid un poder mítico lo que constituiría otro estudio aparte. En un segundo plano, mientras Rodrigo Díaz defiende a sus hijas por su condición de mujer, demostrando su responsabilidad paterna, los infantes son precisamente quienes las atacan y abandonan a merced de los peligros circundantes de una región inhospitalaria, el bosque (236-37). Se contrapone la virtud del guerrero–y padre protector–versus las carencias de carácter y conducta de los infantes, quienes son capaces de perjudicar a los propios miembros de su familia inmediata. Finalmente, mientras el Cid se ha ganado el calificativo de caballero– fruto de su linaje y méritos militares–los infantes de Carrión se convierten aquí en el antihéroe que conducen a su propia estirpe al deshonor. (4)

Desde una perspectiva literaria, al tomar en consideración la literatura medieval en su totalidad notamos a primera vista que resaltan las tendencias misóginas. Lo anterior lo corrobora Alain Saint-Saens en su libro Historia silenciada de la mujer: La mujer española desde la época medieval hasta la contemporánea , en su análisis de los siglos XI al XIII y expone lo siguiente:

De tal manera que toda la sociedad aceptaba la inferioridad, la impureza y la fragilidad de las mujeres al menos como ideas dominantes y fuertemente instaladas en la ideología corriente, en el imaginario y en el derecho. Sobre esta base, en la que actuaron, por un lado, la fuerte masculinización de esta sociedad de guerreros, jerarquizados y unidos por lazos personales “de hombre a hombre”, y por otro, la ideología y las prédicas de la Iglesia , quien daba por sentada la debilidad constitutiva de las mujeres, las voces femeninas disidentes, las conductas transgresoras fueron esporádicas y aisladas, aunque, a veces, potentes y esclarecidas. (16)

Ejemplo de lo anterior lo constituye–a manera de ilustración–Alfonso Martínez de Toledo, arcipreste de Talavera, autor también de libros históricos, quien estereotipa la naturaleza femenina como perversa y viciosa. Reflexionemos en las siguientes líneas de “El Corbacho”:

E más te digo:

aunque devinal ley

non lo mandase,

por provecho e ytylidad

de tu próximo

-la gual deves guardar

te devías refrenar

de non quere lo que

non querrías que quisyese

él para ty,

por quanto syn amor

de próximo poco tiempo

pordría onbre bivir

en este miserable mundo. (50)

De esta manera se yuxtaponen dos ópticas completamente distintas. Mientras en El Corbacho se ataca el carácter de la mujer, en el PMC la función conyugal de Rodrigo sirve de instrumento para exaltar las virtudes femeninas en boca del héroe nacional. En la batalla contra el rey de Marruecos–episodio de carácter esencialmente cidófilo–Rodrigo sube con su esposa a una de las salas del alcázar y la coloca en una posición protagónica (199). Rodrigo le otorga a Jimena un lugar prominente en su vida militar. Para el Cid , tanto la intervención divina “¡Con Dios aquesta lid”, como la presencia de su esposa “por que estades delant”, son elementos imprescindibles para lograr la victoria en el campo de batalla (199). El Campeador , en su función de esposo, exalta el papel predominante de la mujer como ayuda idónea, comosujeto y no como objeto: Jimena como copartícipe en la administración de la institución familiar. Percibimos así que el PMC se establece como la antítesis de la tesis misógina propia de ese período.

3. El Cid y la función conyugal en el medioevo

La historiografía cidiana establece que el matrimonio entre Rodrigo y Jimena se efectuó el 19 de julio de 1074, cuando el Campeadorotorgó las arras a su futura esposa. Al respecto, Menéndez Pidal explica en La España del Cid :

Eran las arras una donación que el esposo hacía a la esposa. Alguna vez eran como compra del cuerpo de la novia, <<comparatio corporis>>. Por lo común se daban expresando alguna consideración afectuosa: en honra a la pureza de la mujer, <<propter honorem virginitatis tue>>; por amor a su belleza o a su dulzura, <<propter honorem et amorem pulchritudinis tue>>, <<dulcedinis tue>>. La carta del Cid a Jimena reúne dos expresiones: <<por decoro de su hermosura y por el virginal connubio>>. (173)

Con lo anterior nos percatamos que a pesar de la mentalidad medieval de “comprar el cuerpo de la novia” con las arras–la mujer comoobjeto , subordinada al varón a quien se le ubica como el sujeto — Rodrigo Díaz valora y admira la condición femenina resaltando las virtudes de doña Jimena: decoro de su hermosura y estado virginal. El juglar captura muy bien esta visión:

¡Plega a Dios e a Santa Maria

que aun con mis manos

case estas mis fijas,

o que de ventura

e algunos dias vida

e vos, mugier ondrada (5),

de mi deades servida! (148)

Esto refuerza el sentido de antítesis que plasma el PMC en completa oposición a la tesis establecida por la misoginia medieval. Se confecciona la contrahaz literaria en el cantar que contradice y reta al haz literario misógino. En suma, la misoginia como tesis, se convierte en la enfermedad que aqueja a la sociedad de esa época y el remedio o cura a ese mal radica en la antítesis: El cantar, como pieza literaria, en la voz del juglar que divulga la vida de Rodrigo Díaz de Vivar y exhorta al desempeño integral de la caballería y sus complejidades.

4. El Cid y Hollywood

Finalmente se debe traer a colación el hecho de que Hollywood llevó a la pantalla grande la historia cidiana en su producción El Cid en 1961 protagonizada por Charlton Heston (Rodrigo Díaz ) y Sophia Loren (doña Jimena). La película se concentra principalmente en la relación entre doña Jimena y Rodrigo, y delega a un segundo lugar las batallas donde se destaca al héroe y su habilidad militar. Aunque indiscutiblemente esta producción fílmica es una versión romántica de la historia, es indudable que representa la importancia del matrimonio del Campeador proyectada en el Cantar de Mio Cid , y que se ha utilizado hábilmente en el medio artístico. ¿Por qué enfocarse en la relación entre Rodrigo y Jimena como centro de la trama? Porque el público de todos los tiempos responde positivamente al romance implícito en el cantar poético de las hazañas cidianas. Resulta oportuno mencionar que el mismo Heston entrevistó personalmente a Ramón Menéndez Pidal en Madrid con la finalidad de indagar más sobre este personaje. El actor recuerda la entrevista al escribir en su autobiografía:

The response was an invitation to lunch at his home. Dr. [Menéndez] Pidal was then in his nineties, but he clearly realized that our film would provide the permanent public impression of the man to whom he had devoted life. He knew the power of film; he wanted to do his best to make sure we got it right. (245)

[Me respondió con una invitación a almorzar en su casa. Dr. Pidal estaría en sus noventas (años) en ese entonces, pero se dio cuenta claramente que nuestro film podría producir una impresión perdurable del hombre a quien él le había dedicado su vida. Conocía el poder que existe en una producción fílmica; deseaba hacer todo lo mejor posible para asegurarse que nosotros lo entendiéramos bien.] (245)(6)

Heston exploró e indagó sobre su personaje para lograr el cometido romántico y universal del protagonista: un hombre regido por las leyes estamentales del medioevo, consciente de las responsabilidades militares al igual que las maritales.

5. Consideraciones finales

El hombre medieval conformaba la suma de los valores religiosos, sociales y políticos de la época, y la caballería constituía el vehículo para hacerlo merecedor de honra y honor. En el PMC se utiliza a los infantes de Carrión como elemento comparativo para exaltar y celebrar la grandeza del Cid como un personaje de resonancia universal. La combinación de ambas funciones–militar y marital–han sido las piezas claves que lo han colocado como ejemplo supremo y tangible–y por ende verosímil –del héroe medieval. Rodrigo Díaz de Vivar, siente, piensa y obra, de acuerdo a su función conyugal: honra, respeta y enaltece la posición femenina. Lo anterior está sólidamente establecido en el PMC , y esta característica hace del poema un documento importante que se contrapone al resto de la literatura misógina del medioevo. ¿Qué de sus debilidades e imperfecciones? Estoy segura que como ser humano las tendría. Ahora bien, el PMC no las registra. Quizás porque su valor, perseverancia, determinación y entereza sobrepasaban sus imperfecciones humanas al grado de haber sido olvidadas por la misma historia que lo recuerda como el Campeador .

La inclusión de versos que escudriñan la vida conyugal del personaje denota la necesidad de mostrar un perfil integro del guerrero, sin menospreciar sus deberes como cabeza del hogar. La actuación destacada en ambas esferas, la pública y la privada, lo han colocado como modelo supremo y tangible del héroe medieval español. Es decir, el núcleo familiar cidiano se plasma aquí como un microcosmo del caballero medieval en perfecta armonía con su compromiso bélico en el campo de batalla. De esta forma se unen ambas esferas–la desoldado y la de hombre –en el cantar que difundió su fama y su gloria militar, convirtiéndole en un símbolo de excelencia histórico-literaria y de trascendencia escolástica y universal.

NOTAS

(1) Las hijas del Cid en el PMC aparecen siempre juntas como un personaje conjunto y son los únicos nombres propios que han sido cambiados. El resto de los personajes utilizados en el cantar coinciden con los nombres de pila y patronímicos originales registrados oficialmente en la historiografía cidiana.

(2) Lo mismo se aplica en el episodio del destierro y la reacción del Cid ante la ira regia. En cuanto a este punto se debe mencionar aquí las contribuciones de Ghislaine Fournès.

(3) En cuanto al factor económico, recomiendo la lectura de Bienvenido Morros quien analiza la transacción de Raquel y Vidas.

(4) Uno de los estudios más recientes sobre el linaje nobiliario en el PMC lo ofrece Margarita Torres Sevilla-Quiñones.

(5) Y vos, mujer honrada

(6) Traducción mía.

Obras citadas y consultadas

El Cid . Dir. Anthony Mann. Best Film & Video Corporation. Hicksville, New York. 1961.

Fournès, Ghislaine. “Un motivo cidiano en la obra de Alfonso X el Sabio: la ira regia”. El Cid: de la materia épica a las crónicas caballerescas . Eds. Carlos Alvar, Fernando Gómez Redondo y Georges Martín. Alcalá de Henares: U de Alcalá, 2002. 285-94.

González, Elisa Garrido, ed. Historia de las mujeres en España . Madrid: Síntesis S.A., 1997.

Heston, Charlton. In the Arena: An Autobiography . New York: Simon & Schuster, 1995.

Keen, Maurice. La caballería . Barcelona: Ariel, 1986.

Martínez de Toledo, Alfonso. Arcipreste de Talavera o el Corbacho . Madrid: Clásicos Castalia, 1970.

Menéndez Pidal, Ramón. En torno al Poema del Cid . Barcelona: EDHASA, 1962.

—. La España del Cid . Madrid: ESPASA-CALPE, 1967.

Morros, Bienvenido. “Problemas del Cantar de mio Cid: El destierro y el episodio de Raquel y Vidas”. Actas II Congreso Internacional de la asociación Hispánica de Literatura Medieval (Segovia, del 5 al 19 de octubre de 1987 ). Eds. Jose Manuel Lucía Megías et al. Alcalá de Henares: Universidad de Alcalá, 1992. 2: 527-548.

Poema de Mio Cid . Ed. Colin Smith. Madrid: Cátedra, 1982.

Saint-Saens, Alain. Historia silenciada de la mujer: La mujer española desde la época medieval hasta la contemporánea . Madrid: Complutense, 1996.

Segura Graiño, Cristina. “Fuentes en la Edad Media ”. Historia de las mujeres en España . Madrid: Síntesis S.A., 1997.

Torres Sevilla-Quiñones de León, Margarita. El Cid y otros señores de la guerra . León: U de León, 2000.

 

Martha García 
professorgarcia@bellsouth.net
(University of Central Florida, Estados Unidos)

Copyright ©2006 Martha García

Revista Literaria katharsis, 2006

Depósito Legal: MA-1071/06

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