Limpieza.

Tras comprobar en el estudio de catas que apenas existían restos de policromía original y que la Cruz había sido limpiada mediante procedimientos abrasivos y poseía una capa de minio generalizada tan adherida que resultaba imposible eliminar, se decidió proceder a la limpieza.

Previamente, se realizaron ensayos en taller de limpiezas mecánicas y químicas, que no dieron buenos resultados, dada la agresividad de las intervenciones anteriores que había recibido y los productos industriales que se habían usado.

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El sistema elegido fue la limpieza mecánica de proyección de sílice de baja granulometría, controlando la presión y el ángulo de impacto, alcanzando un nivel de limpieza denominado “de metal blanco”, pues también era necesaria la eliminación de la capa de corrosión generalizada que presentaban las superficies limpias de revestimiento pictórico.

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Las labores de limpieza y las catas han desvelado pequeñas superficies doradas y preparaciones de yeso, que habían sobrevivido a la limpieza profunda llevada a cabo en 1978. Igualmente, han aparecido pequeños detalles incisos que en su día irían resaltados con colores y que permanecían ocultos bajo la yuxtaposición de capas pictóricas. Este es el caso del único ángel lamparero original que conserva la Cruz, donde pueden verse los ojos y una especie de Rosario o collar con cuentas y terminado en una Cruz latina que pende de su cuello.

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La Cruz de la Cerrajería que contemplaron los sevillanos de los siglo XVII y XVIII fue muy distinta a la que conocemos actualmente. Las distintas actuaciones que se han sucedido desde finales del siglo XIX homogeneizaron su apariencia dotándola de un revestimiento oscuro que ocultaba la riqueza cromática que tuvo en origen.

Gracias al grabado, sabemos que las cartelas que sostienen los dragones estaban grabadas, representando distintos escudos y emblemas en su superficie.

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