Desmontaje de la Cruz: Cartografía y siglado de piezas

Las operaciones de desmontaje han sido muy fructíferas, pues gracias a ella hemos conocido el estado real de la Cruz, hemos valorado su estabilidad y hemos conocido profundamente la técnica empleada en su realización y los procedimientos utilizados en las distintas restauraciones que ha sufrido.

No obstante, estamos ante un laborioso y complejo proceso, que comienza con la realización de cartografía digital que agilice el sistema de siglado, con el que se identifica cada pieza compositiva y su ubicación correspondiente. Se ha creado una base de datos, donde cada pieza ha sido registrada en una ficha identificativa.

Esta fase constituye la garantía de que todo el proceso se está ejecutando con el máximo respeto hacia la obra original, pues así se asegura la perfecta recolocación de cada elemento en su sitio original.

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Los estudios realizados con motivo de la restauración de la Cruz de la Cerrajería que se está llevando a cabo han permitido comprobar que técnicamente esta Cruz es un auténtico prodigio realizado en hierro, donde originalmente nada iba soldado, sino que los ensambles, remaches y la propia presión eran las claves del diseño de ésta.

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Por lo tanto, de todo ello se deduce el protagonismo y el papel preponderante que tiene la estructura interna que sirve de sostén a los elementos compositivos y por la que se distribuyen todas las piezas ornamentales.

Una vez comenzado el proceso, el equipo de trabajo comprobó la existencia de zonas muy propensas a la acumulación de agua de lluvia y de residuos ambientales. Esto desencadenaba un proceso de corrosión del hierro tan fuerte que había provocado la merma de su propio material constitutivo.

Además, la estructura estaba recibiendo una serie de empujes y presiones añadidas en la intervención realizada en 1978, ya que se incluyeron entonces nuevos elementos de sujeción y fijación mediante soldadura. Esta circunstancia había provocado deformaciones y en los puntos de añadidos se había reducido su poder de resistencia al deteriorar el material.

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A ello, habría que unirle la corrosión por óxido generalizada y el problema del par galvánico potenciado por los añadidos de 1978: preparación y pintura.

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Esta estructura, la original de la obra, que desde 1692 se ha comportado bien, presenta hoy signos evidentes de poner en peligro la propia estabilidad de la obra, la conservación de sus piezas ornamentales y la seguridad del viandante.

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La corrosión había mermado de manera muy notable el material constitutivo de la estructura, de tal forma que toda la parte superior de la Cruz incluidos sus brazos estaban sostenidos por un fino vástago, afectado además por una oxidación muy avanzada. En definitiva, muchísimo peso sostenido por un vástago mermado y deteriorado por corrosión.

Se ha realizado una nueva estructura que comparte determinadas características con la preexistente: morfología y dimensiones. La nueva estructura innova en algunos aspectos: está construida en acero inoxidable 304, material metálico mucho más resistente mecánicamente y compatible con el metal original.

Se colocará sobre la peana siguiendo el sistema de anclaje original, rehuyendo de nuevas técnicas como soldaduras y puntales, salvo que sea necesario por razones de seguridad.

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El antiguo alma fue depositado en los Almacenes Municipales del Antiguo Garaje Laverán.

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