Candados de desamor.

Cuando Federico Moccia escribió su célebre “Tengo ganas de ti” ya se imaginaba la repercusión que el candado que sellaba el amor eterno de sus protagonistas tendría entre los adolescentes que siguen su trayectoria literaria. Y así fue, la moda que comenzó en Roma pronto se ha extendido por toda Europa, llegando a Sevilla.

En la ciudad tuvo sus inicios en el Puente de Triana y desde ahí se ha expandido por multitud de bienes y monumentos públicos, como el de Fray Bartolomé de las Casas, las cadenas de la Catedral de Sevilla o la Cruz de Cerrajería.

Es indudable el amor que sus autores se profesan al poner estos candados, pero también evidencian el desamor que sienten por su entorno urbano y en especial por sus Monumentos.

Los candados en la Cruz de Cerrajería conllevan una contaminación visual evidente, además de un daño material directo, pues el roce de estos candados terminan por levantar las capas pictóricas y arañar el propio hierro, algo que si tenemos en cuenta el grado de corrosión, resulta preocupante para la conservación de un bien patrimonial tan importante. Se suma la pésima calidad material del candado, que oxida con mucha facilidad lo que acrecienta el daño que produce.

Desde el equipo de restauradores de la Cruz animamos a todos los sevillanos y sevillanos a que se quieran y se amen muchísimo, pero que demuestren su amor mediante otros métodos más baratos, menos efímeros y sobre todo menos destructivos e irrespetuosos con los demás. No dejes que tu amor destruya nuestro patrimonio urbano.

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